El Viernes Negro, un panorama oscuro para el medio ambiente

Son muy pocas las personas que no están al tanto y a la espera del Viernes Negro. Llamativos y escandalosos anuncios y agresivas campañas publicitarias en las más diversas formas y expresiones, enfocadas a persuadir a los potenciales consumidores para aprovechar las irresistibles ofertas, son y serán la constante durante la celebración que muchas veces se extiende durante toda la semana e incluso todo noviembre.

A pesar de ser justificado como una forma de “reactivar la economía”, creo que para nadie es secreto que el Viernes Negro no es más que una excusa para disparar el ya de por sí, innecesario, excesivo, obsceno e insostenible consumo de nuestra sociedad. Lo que muchos ignoran, es que el impacto que genera este fenómeno comercial tiene severas consecuencias mucho más allá de nuestras billeteras, golpeando fuertemente al medio ambiente.

Los avances tecnológicos ya facilitan que cerca del 30% de los jóvenes compren de manera compulsiva através de medios digitales. Según expertos y ambientalistas, este comportamiento es insostenible para el planeta, básicamente, porque sus recursos son limitados y una población cada vez más grande, que consume no solo cantidades excesivas, sino que también productos innecesarios.

Según datos de Greenpeace, durante este Viernes Negro, en países desarrollados como España y los EEUU, el ciudadano promedio gastará unos 220 euros, (alrededor de 150 mil colones). En Costa Rica, según la Cámara de Comercio, los comerciantes esperan que sus ventas para este día aumenten hasta un 25%, cifra muy similar a la del año anterior, por lo que planean todo tipo de estrategias como ampliación de horarios y de personal.

En cuanto a las compras por Internet, según han manifestado en diversos medios, las empresas más fuertes en el campo esperan incrementos de hasta un 100% en sus ventas, mientras que el servicio de Correos de Costa Rica, estima que las ventas crecerán entre 50% y 60% aproximadamente.

Tecnología y ropa, principales contaminantes adquiridos el Viernes Negro

Compras por internet se disparan en Viernes Negro
Comercios aseguran aumentos de 50 a 100% en ventas por Internet durante Viernes Negro

Este frenesí consumista se centra básicamente en productos como prendas de vestir y tecnología. La trillonaria industria de la moda se ha convertido en la quinta industria más contaminante del planeta. Greenpeace, asegura que los productos textiles requieren altas cantidades de agua fresca y es causante de la contaminación de muchos mares y ríos, por los químicos que utilizan durante su elaboración.

Las estimaciones indican que estamos comprando un 60% más de ropa que hace 15 años, pasando de 1 billón de dólares en 2002 a 1,8 billones en 2015 y la conservamos menos de la mitad del tiempo que solíamos. En países como EEUU, el último grito de la moda, ensordece al público, unas 50 veces al año, lo que nos ha llevado en la actualidad a comprar unos 80 billones de prendas de vestir nuevas, a nivel global.

En países desarrollados el ciudadano promedio se desprende de unos siete kilos de ropa al año, es decir, un total de 326.000 toneladas anuales y tan solo un 10% puede ser reutilizado por alguien más, el resto va a dar a los basureros generando gases y otros tóxicos durante décadas hasta que se logre descomponer por completo.

En cuanto a tecnología, el panorama es aun peor. No hay duda que la tecnología es el gran atractivo de nuestros tiempos. Las pantallas, computadoras, tabletas, los teléfonos inteligentes y consolas de juegos de video, están a la orden del día. Según la plataforma Amazon, durante el viernes negro del 2016, rompió su propio record, vendiendo casi un millón de productos electrónicos en 24 horas.

El problema es que la gran mayoría de estos están diseñados para una vida útil corta y son casi imposibles de reparar. Esto hace que sea más fácil desprenderse de un artefacto viejo y cambiarlo por uno nuevo, que intentar repararlo, provocando que los desechos tecnológicos sean la fuente de contaminación con mayor crecimiento en el mundo, con un crecimiento promedio del 20% por año.

Todavía más basura en el Viernes Negro

Contaminación por Viernes Negro
En el 2050 habrá más plástico que peces en el mar.

El problema de contaminación de este fenómeno comercial, no termina ahí. A todo esto tenemos que sumarle los paquetes, embalajes y demás envases de los productos que consumimos. La gran mayoría de productos en especial los electrónicos vienen en cajas, con protecciones de plástico, poliestireno, cartón y papel. A pesar de que algunos de estos productos pueden ser reciclados, la mayoría termina en la basura sin un tratamiento adecuado.

Según la comisión de ambiente de la ONU, a nivel mundial se producen unos 300 millones de toneladas de plástico al año y tan solo un 20% es reciclado o tratado, el resto se quedará en el ambiente por más de 400 años mientras se degrada. De ese restante unos 8 millones de toneladas de plástico termina en los océanos cada año, con serios impactos en los ecosistemas marinos. A este ritmo, la ONU estima que para el 2050 la proporción de peso del plástico en el mar será mayor a la de todos los peces en los océanos.

Esta situación nos tienen que llevar a reflexionar no solo en nuestros hábitos de consumo sino también en las prácticas que ejercemos a nivel personal para reducir nuestra huella ambiental. Si realmente tenemos la necesidad de adquirir algún producto durante este viernes negro, al menos intentemos ser concientes y buscar alternativas que sean duraderas. Productos que tengan posibilidad de ser reparados y cuenten con repuestos.

Hoy, existen alternativas para casi cualquier producto que son elaborados con prácticas más amigables con el medio ambiente. De hecho, según un estudio de WRAP, una organización independiente, sin fines de lucro, dedicada a promover la fabricación segura, legal y ética de textiles en todo el mundo, con el simple hecho de utilizar la ropa por unos 9 meses más, reduciría las huellas de carbón y uso de recurso hídrico entre un 20 y 30% cada uno. Una buena razón para pegarle un par de costuras a la camiseta vieja como se hacía en mi infancia.

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